• Luis Hernández

Sobre la vacancia presidencial



Este lunes 09 de noviembre por la noche, en medio de tanto agobio, el Perú que busca ser libre pudo respirar con alivio. Por fin, la vacancia del ciudadano que venía ejerciendo como presidente de la república se había producido de acuerdo con lo que manda nuestro marco constitucional, al cual los especialistas en derecho han hecho ya más de una referencia. La vacancia se había producido más allá de la actitud escéptica de quienes no tenían muchas expectativas en el parlamento, ya que, en una anterior oportunidad, un considerable número de sus integrantes habían optado por rechazar cualquier posibilidad al respecto y podían volver a proceder en ese mismo sentido.


No cabe duda que se trata de un acontecimiento digno de ser destacado como un triunfo pro institucional. Porque luego de todo lo que hemos venido observando, a lo largo de estos años, se podrían estar abriendo las puertas a la posibilidad de una vida política serena y, fundamentalmente, basada en un equilibrio de poderes, equilibrio que resulta imprescindible y que debe estar basado en el contrapeso entre el campo legislativo y el ejecutivo.


Sin embargo, ante lo sucedido, vamos por partes y con mucha calma. Y digo esto porque, en medio del alivio y la satisfacción que yo hago míos y comparto, me parece que no debemos ni podemos perder de vista el hecho de que en nuestro país nos queda un largo camino por recorrer y mucho pan que rebanar ya sea en la esfera económica, como en la social, la política y cultural. En efecto, no le quitemos el ojo al hecho de que, entre nosotros, es necesario realizar un gran esfuerzo para lograr el desarrollo y consolidación de nuestra sociedad.



La vacancia presidencial ya se dio, pero tengamos muy en claro que eso no es suficiente para la recuperación de nuestro país. ¿Puede haber otro tipo de obstáculo al respecto? Sí. El obstáculo está representado por un cuerpo político burocrático, que fue trepando a los diferentes niveles y estructuras de nuestro estado desde 1968, bajo la sombra revolucionaria del golpe militar de entonces. Durante décadas, de una u otra forma, ese cuerpo ha venido aprovechándose de los recursos del Perú y de los peruanos, para satisfacer, ¿y también proteger?, oscuros y mezquinos intereses mercantilistas. Hablando de ese cuerpo, recordemos porque nada nos puede obligar a olvidar, recordemos que este ha sido capaz de darle la espalda a los miembros más necesitados de nuestra sociedad, cuando ellos más urgían de ayuda, frente a situaciones tan crueles como la recientemente causada en el marco del Coronavirus. En tal sentido, no hace mucho, ese cuerpo revolucionario, socialista, supuestamente correcto en lo político, sin una sola mancha en lo moral, (cuerpo que solo puede operar en los bajos y tenebrosos fondos de nuestro pequeño “estado profundo”) parecía estar más preocupado por combatir al patriarcado, obedeciendo así a la imposición extranjera de agendas imperialistas, en vez de darle una asistencia efectiva a quienes lo único que pedían era oxígeno; sí, oxígeno, oxígeno y no el suministro de algún tipo de ideología perversa que, por lo nefasto de su naturaleza, termina ahogando al espíritu humano.


Ahora, luego de la vacancia presidencial, lo que resulta indispensable es transformar todas las estructuras que se requiera en nuestro estado. Ello, para evitar que ese cuerpo siniestro antes mencionado continúe influyendo en la cabeza política, tal como lo ha venido haciendo, promoviendo un doble discurso y una narrativa de tipo ideológica, cuyo fin último es contribuir a la desorientación y el sometimiento de los miembros de nuestra sociedad, lo cual es una condición indispensable, para entregarlos como esclavos al servicio del proyecto totalitario que hoy aparece como una real amenaza para el mundo.



Nos encontramos en un momento de nuestra historia que se presenta muy complicado, debido a las múltiples variantes y factores que en este intervienen. Se trata de un momento frente al cual no bastan las palabras de entusiasmo, las arengas, como tampoco los sueños baratos y ni siquiera las buenas intenciones que fácilmente se pueden soltar de la boca para afuera. Recordemos que, como dice aquel refrán, “de buenas intenciones están empedradas las puertas del infierno”.


Hoy, nuestro país requiere de un tratamiento político sustentado en un sentido de procedimiento táctico y estratégico, que debe aplicarse tanto en el ámbito nacional como el internacional. Y para ello, en un sentido metafórico, pensando ya en las próximas elecciones presidenciales, necesitamos elegir una cabeza política que tenga la suficiente capacidad como para actuar al igual que un ajedrecista que se ubica frente a un tablero, en el que los competidores mueven sus fichas en un modo muy complejo, a partir de objetivos muy puntuales, propios y específicos. Sin embargo, a la par de aquella cabeza eficiente en política, necesitamos contar con un organismo estatal limpio y sano. Porque, en medio de las trabas y obstáculos que se encuentran en un estado enfermo, poco o nada puede hacer la mente del más brillante de los políticos, por mucho que este quisiera. Esperemos que un episodio como el de la vacancia no se vuelva a repetir, pero para ello, veamos bien por quién votamos.


Luis Hernández