• Gustavo Massa

La señora K y el escribidor



Tendría yo aproximadamente seis años cuando Mario Vargas Llosa inicio su campaña a la presidencia para las elecciones generales del año 1990. Mi padre, Gustavo Massa Gálvez, era parte de su equipo de campaña y mi tío, Alberto Massa Gálvez, era candidato al congreso con un numero que ya no recuerdo.


Si bien no recuerdo mucho de aquella época salvo algunas visitas al local de campaña o algún mitin al que fui llevado a la fuerza, si recuerdo que me volví hincha de Vargas Llosa.

Me gustaría poder decir que era hincha de Mario Vargas Llosa por el hecho de que era un reconocido hombre de letras o porque contaba con un plan de gobierno que nos sacaría adelante como país, pero a los seis años no te interesan esas cosas, era su hincha porque mi padre lo apoyaba y eso era todo lo que importaba para mí.


Sin embargo, el no tener un verdadero interés en la política no hizo que la derrota de mi candidato frente a un entonces desconocido Alberto Fujimori fuera menos amarga. Yo era hincha de un candidato y ese candidato había perdido, eso me molesto y debo admitir que me sigue molestando un poco hasta el día de hoy.


Pero yo no era el mayor hincha de Vargas Llosa, su mayor hincha era él mismo. La amargura de la derrota era peor para él que para cualquiera.


El ego del nobel de literatura es bien conocido por todos los peruanos, así como también lo es el repudio que ha sentido por Alberto Fujimori y todo lo que representa el fujimorismo desde aquella derrota en 1990.


Podríamos decir que Mario Vargas Llosa fue el anti fujimorista original, el paciente cero, fue anti-fujimorista antes de que existiera un anti-fujimorismo propiamente dicho.


Es por esto que, ha resultado una sorpresa para propios y extraños que el paladín por excelencia del anti-fujimorismo haya manifestado su apoyo a la candidatura de Keiko Fujimori para la segunda vuelta del seis de junio del presente año.


Recordemos que en las elecciones del 2011 cuando Keiko Fujimori se enfrentaba en segunda vuelta a Ollanta Humala, quien era un candidato de izquierda y simpatizante del régimen de Hugo Chávez en Venezuela, Vargas Llosa instó a la población peruana a votar por Humala y afirmó incluso que votar por Keiko Fujimori significaría el “restablecimiento de la dictadura” y el comienzo de un “fascismo de derecha”.


Actualmente, Keiko Fujimori se enfrenta nuevamente en una segunda vuelta electoral a un candidato de izquierda simpatizante del régimen chavista que hoy gobierna Venezuela, pero esta vez Vargas Llosa la apoya y le pide al pueblo peruano que vote por ella. ¿a qué se debe esto?


Dudo mucho que los sentimientos de Vargas Llosa respecto al fujimorismo hayan cambiado, me atrevería incluso a asegurar que Mario Vargas Llosa sigue y seguirá siendo siempre un acérrimo anti-fujimorista.


Sin embargo, a diferencia de Ollanta Humala en el 2011, Pedro Castillo se presenta en este 2021 como un peligro real a la democracia y Vargas Llosa no encuentra manera de cerrar los ojos ante esta situación.


La congresista electa por Perú Libre, Zaira Arias, ha manifestado que Pedro Castillo tiene la intención de disolver el nuevo congreso y Vladimir Cerrón, líder de Perú Libre, ha dado a entender que llegan para quedarse en el poder.


Ante esta situación, Keiko Fujimori se presenta como el menor de dos males y Vargas Llosa lo sabe. No le debe gustar para nada que sea así, debe estar maldiciendo el hecho de que no haya pasado cualquier otro candidato a la segunda vuelta -literalmente cualquier candidato- y se le debe estar revolviendo el estomago cada vez que piensa en ella como posible presidenta del Perú.


A mis 38 años ya no soy hincha de Vargas Llosa, sus opiniones sobre la política de nuestro país me han tenido sin cuidado por muchos años, pero no puedo ignorar la importancia de lo que representa que haya dejado de lado su orgullo y su resentimiento para manifestar su apoyo a Keiko Fujimori.


La historia de la señora K y el escribidor es la historia de todos los peruanos que estamos dispuestos a tragarnos nuestros odios y nuestros resentimientos con tal de proteger la democracia de nuestro país. Es la historia de todos aquellos peruanos que no queremos votar por Keiko Fujimori pero que nos vemos obligados a hacerlo para evitar que el Perú caiga en las garras de la ideología chavista que acompaña el discurso de Pedro Castillo.



Gustavo Massa



419 vistas