• Julio Caballero

Entonces…



Hace algunos años, muchos de pronto, de cuando en vez agarraba la pluma para poner algún pensamiento, y en el máximo de mi jactancia, lo enviaba a algún medio escrito que a veces lo publicaba, eso inflamaba mi ego pero me hizo madurar en el comentario, sin embargo, también me hizo aprender mucho de los peruanos, de mis compatriotas.

Una de las cosas que aprendí es que a todos les gustan dos cosas: Una, decir que eran blancos, (eso hasta hoy me vuelve loco), yo me siento orgulloso de ser mestizo y haber nacido donde nací. Y la otra, es que todos creen que existe una especie de obligación de aceptar su opinión antes que la de uno mismo para escribir.


Me ha quedado claro que de esa época a hoy la cosa se ha puesto peor.

Hoy todos creen que si aparece una “idea” que señala “vanguardia”, hay la obligación de asumirla, aun cuando esa idea niegue lo que por años hemos venido luchando como pueblo, para que sea reconocido. No comprendo a esas personas que durante años gritaban, aún hoy, que hay que respetar la etnia y su posesión territorial, sin invitarla al desarrollo y evolución; pero por otro lado nos quieren imponer que nos mezclemos en una especie de zafarrancho racial a fin de eliminar las “diferencias” pero que todos tenemos que mantener “vivas nuestras raíces”. ¿Lo entienden?



Asimismo un pequeñito grupo de “ideólogos”, casi todos de sustento de izquierdas, a nivel mundial, vinieron acusando a todas las sociedades, de venir destruyendo el planeta con la emisión de gases, que es posible sea cierto en parte, pero definitivamente no acepto la arrogancia de creer que somos capaces de modificar los ciclos de existencia. Por poner un ejemplo, la erupción de un solo volcán es capaz de cambiar todo a niveles de cataclismo mundial en un día. Un terremoto es capaz de modificar a todo un continente. Y tengo claro que no podremos hacerle frente, ni por asomo.


Tenemos “salvadores” que proponen cientos de “planes” para detener la “destrucción del planeta” que no pasan de ser “estudios” que generan cientos de miles de millones de dólares en favor de causas que sirven para mantener vivos a entes internacionales que nos van cercando y no nos permiten desarrollar identidad nacional en ningún camino.

Tenemos a mega millonarios que cansados de ganar dinero, y dejar sin empleo al millones de trabajadores, porque sus ideas eliminan puestos de trabajo, y ellos ocupan sus ganancias en “descubrir” enfermedades para las que “crean” las curaciones o vacunas que son impuestas y que todos tenemos que aceptar como verdad escrita en piedra.


No tenemos opción, en el Perú, pues durante 20 años algún presidente “amigo”, de los mega millonarios, ha firmado tratados internacionales que no permiten otra solución que no sea la que manda el ente supranacional. No tengan duda que ese gobernante “amigo” no volverá a ser uno más, ya será parte del “club” de privilegiados.

En el Perú lo tenemos claro: Toledo, Humala y su esposa, Pedro Pablo Kuczynski y su sucesor, (no hablaré de Alan García, en ésta ocasión), en este caso no era por temas de salud, simplemente era por mercantilismo puro.



Estamos frente a un fenómeno mundial que se precipitan en llamar “mundialismo” o “globalismo” para no permitir que levantemos la voz en protesta, el que lo haga será seriamente censurado y hasta penalizado por el hecho de no pensar igual. El que no apoye la ideología importada no podrá seguir viviendo en su país en paz, lo vemos en Europa y hoy es crítico. En los ocho años de gobierno del Sr. Obama las alianzas estratégicas hechas con los países árabes fueron derrumbándose, fue dejando abandonados a sus “socios” estratégicos y el resultado es la migración descontrolada de ciento de miles de ciudadanos que invaden a los países europeos y gozan de más “derechos” que los propios nativos quienes además no podrán reclamar sus propios derechos. La planificación de crecimiento y desarrollo ha sido pospuesta. Las viviendas, escuelas, empleos, etc. Ya no son para los nacionales sino para los “asilados”. En fin eso es Europa, nos ocuparemos de nuestro drama: América del Sur.


Para entrar en detalle, en el continente sabemos que la “revolución cubana” una farsa de un manipulador obsesivo como Fidel Castro, no dio resultado, el camino de la violencia sólo fue aceptado por sus ciudadanos por ignorancia y por prepotencia. 50 años se mantuvo aislado el régimen y se asoció a las izquierdas del mundo. Años después la Historia se reescribe, pero en otro país sudamericano: Venezuela. Hugo Chávez, militar venezolano que cursó estudios en la Escuela Militar de Chorrillos Perú, se convierte en fanático del dictador peruano Juan Velasco Alvarado, probablemente el destructor de toda posibilidad de desarrollo en el país que gobernó desde el 3 de octubre de 1968 hasta que otro dictador lo sacó de Palacio de Gobierno en 1975. Este militar venezolano vuelve a su patria, con el propósito de implantar el mismo régimen que conoció en el Perú. Lo intentó de todas las formas y al final secuestró al país y con la fortuna generada por el petróleo, creó un país de ricos y mendigos, al morir dejó a su sucesor, Nicolás Maduro, jefe de estado desde el 2013 a hoy. Un dictador que usando las herramientas democráticas se ha hecho reelegir cuantas veces ha querido, simplemente puso en desgracia al país, logrando un éxodo inimaginable de sus compatriotas, los mismos que por las mismas razones que sufre Europa, sufrimos nosotros: Infiltración sin posibilidad de retruque.



Poco tiempo después sale un secuaz de Maduro, Diosdado Cabello, quien nos hizo saber que “vientos del chavismo” llegaban al Perú. Así el comunismo, sin haber sido elegido jamás como sistema de gobierno, ha ido posicionándose de todos los entes nacionales, y si le sumamos la infiltración de agentes venezolanos, la de los “médicos” cubanos, la pandemia y los acuerdos entre mafioso nacionales e internacionales, el país se enfrenta a la peor crisis de su Historia Republicana.


Durante años hemos venido proponiendo que se haga política con madurez, pero los bandos no lo permiten y las leyes saboteadoras tampoco. En la realidad podemos tener 30 millones de partidos y eso lo aplaude la izquierda que apuesta a distintos de sus candidatos. El problema es que la derecha va asumiendo el mismo problema y aquello de “divide y vencerás” es real. Entonces…




Julio Caballero.

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