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El voto preferencial, ¿debe eliminarse?



En el transcurso de los años verdades y mentiras se han dicho sobre este tema, entre ellas, que fue instaurado para la constituyente de 1978 y que progresivamente se distorsionó el fin para el cual fue creado.


Hoy, después de los últimos comicios electorales de 2016, ponemos el espejo retrovisor y miramos las diversas elecciones transcurridas en el tiempo, donde tenemos un Víctor Raúl Haya de la Torre como el más votado en la Constituyente del 78 y pasamos por la elección de 1985, donde se incluyó el 2do casillero para dicho voto, la constituyente de 1992 y la posterior elección en un Congreso Unicameral en los comicios de 1995, con un distrito electoral único Nacional, situación muy distinta a la ocurrida 21 años después en Abril último.


El fin que nos han “vendido” a lo largo de estos años, es que la “Voluntad Popular” se pone de manifiesto en el Voto Preferencial, lo cual no dista mucho de la realidad, claro ejemplo tenemos: La elección de Javier Valle Riestra que participó con el numero 35 por Lima en el año 2006 y resultó electo siendo el más votado, otro caso es el de Martha Chávez quien fue con el número 35 en los comicios del 2011 y también resultó electa entre las más votadas de Lima; entre otros casos, que sostendría que esta modalidad de que “los últimos números tienen las mismas posibilidades en relación a los que tiene los primeros números”.



Sin embargo, si analizamos un poco más a fondo esta premisa no resultaría del todo cierta, por ejemplo, cuando uno va a un restaurant debe elegir consumir lo que hay en el menú, si se antoja algo diferente se tiene 2 opciones: i) quedarse y consumir algún plato del menú o ii) irte a otro establecimiento a saciar dicho antojo. Más o menos eso pasa con el voto preferencial en el Perú. Los Partidos Políticos son los que nos presentan el menú electoral cada 5 años, se elige entre lo que presentan los Partidos Políticos, ya sea militantes, invitados y diversos híbridos que cada 5 años arroja nuestra coyuntura nacional.


Esta situación se debía a que no existían verdaderas elecciones internas en los partidos y la muy utilizada “elección por delegados” significa un saludo a la bandera, llena de tecnicismos que se cumplían para “darle formalidad” a la voluntad de la cúpula partidaria y del líder político caudillista casi mesiánico que caracteriza a nuestros partidos políticos nacionales, reforzada con el 20% que tienen para colocar a personas ajenas al partido, pero que por su arraigo popular se los invita a formar parte de las listas para “arrastrar” esa popularidad y convertirla en votos, algo que conocemos muy bien los que estamos sumergidos en el quehacer político.


Hoy la situación es otra, por así decirlo, ya que por primera vez veremos elecciones internas en los partidos políticos con vigente inscripción, todos de manera diligente cumpliendo con lo que estipula la nueva ley de elecciones, que fue aprobada antes de que se cerrara el anterior congreso. Esperemos que este 11 de abril del 2021 se refleje un poco más la voluntad popular en los resultados de los comicios parlamentarios, lo cual “esperemos” haga que existan menos electores despistados que digan: “Este Congreso No Me Representa”.



Punto aparte con este tema, para una evaluación más exhaustiva es necesario partir de la idea que no siempre la popularidad se convierte en votos y nuestra clase política aun no lo entiende o no lo quiere entender. Todo esto deja de lado al “verdadero militante” identificado con el partido y que podría ser el caso, si llegase a la lista congresal gracias al voto de los militantes de su partido.


Por tanto, proponemos que las elecciones partidarias sean reguladas por los órganos electorales nacionales (ONPE, RENIEC, JNE), para transparentar los resultados, lo cual según la nueva ley electoral es solo opcional y debería ser obligatoria. Volviendo a la analogía anterior, con esta observación el restaurante podría añadir algún “extra” en el “menú electoral”, evitando voces alarmistas de que el voto preferencial está destruyendo a los partidos políticos, lo cual no es cierto. ¿Eliminarlo? No, reestructurarlo si, recordemos que el Perú ya no es el mismo de 1978 y que los “peros” que le fueron etiquetados se han ido cayendo en el transcurso del tiempo.


Por ejemplo, decían que este voto se desnaturalizaba y se convertía en asistencialista, hoy tenemos una regulación en la Ley Orgánica de Elecciones, art. 42, que lo prohíbe y ya muchos fueron defenestrados en la pasada elección, también afirmaban que promovía el transfuguismo, ya que el elegido creía que eran sus votos y no los del partido por el cual fue elegido, tuvimos una disposición en el Congreso que desalentaba y desmotivaba tales actos, pero una sentencia del Tribunal Constitucional, nos sigue poniendo en una incertidumbre, que esperemos sea retomada desde otro ángulo para evitar colisionar con lo señalado en la sentencia previamente mencionada.



Entre los cambios propuestos planteamos que: i) los Partidos Políticos Nacionales acepten el control de sus elecciones internas por parte de los entes nacionales, que acepten la modalidad, un militante, un voto, ii) se reduzca el porcentaje de 20% a 10% de invitados y que progresivamente se acorte ese porcentaje, iii) se incentive y promueva la cuota de género, joven, de discapacidad etc. y no se imponga, como se ha venido haciendo hasta ahora.


Entendemos también, que para todo ello el Partido Político Nacional necesita dinero y es ahí donde el Estado debe proporcionarlo, para concretar estos proyectos que promueven la participación ciudadana en la vida política y no únicamente en materia publicitaria al facilitar la franja electoral, que según algunas autoridades busca informar al elector sobre los candidatos, información que tiene un costo y cuyo beneficio va directo a los medios de comunicación, sin posibilidad que los partidos administren este presupuesto. El elector no necesita sobre informarse sobre los candidatos, sabe muy bien por quien votar según su propio beneficio o motivado por mejorar su posición apoyando a su candidato, demagogo o no, pero puesto en palestra por los propios partidos políticos.


Queda mucho por mejorar, esperemos que nuestra clase política encuentre la madurez para asumir los cambios necesarios y dejen de pensar a corto plazo, recordemos que la gloria, el poder y la vida son efímeras; y que solo por nuestros actos seremos recordados, generemos el cambio que necesitamos para encaminarnos en un mejor horizonte hacia el bicentenario de nuestra vida republicana.



Joan A. Villaizan Paredes.



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