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¡Despierta Perú!



Hace unos días al fin pude adquirir la última novela, recientemente publicada el pasado mes de octubre, del genial escritor español Arturo Pérez-Reverte. La novela lleva por título “Línea de fuego” y se ubica a finales de la guerra civil española. La obra narra los pormenores de una batalla, en gran parte imaginada por el autor, en el contexto de la batalla del Ebro, en los alrededores de un pueblito español en manos del ejército nacionalista del general Franco, y que es atacado en una gran contraofensiva, por las milicias republicanas comunistas. Cabe recordar que Pérez-Reverte, antes de convertirse en escritor, fue reportero de guerra en diversas guerras como las del Golfo, pero especialmente sus años de experiencia en la guerra de los Balcanes o de la antigua Yugoslavia es en donde estuvo más años como reportero, al lado de su camarógrafo Márquez, viviendo mil y una peripecias, las cuales las narra en su obra “Territorio Comanche” publicada ya hace unos años. De allí que Pérez-Reverte haya visto la guerra en directo. No se la han contado. Ha estado en medio de las balas, las explosiones, los obuses y los muertos, el dolor y el sufrimiento, por lo que puede decirse que lo ha visto todo. De allí que en su última novela vuelca precisamente todas esas vivencias. Es la guerra como es. No son fantasías ni imaginaciones. Para ello se ha documentado muy bien consultando y accediendo a toda una diversidad de documentos y cartas de la época en donde se puede palpar el drama vivido en la España de finales de los treinta.



En uno de los pasajes de la novela, un joven soldado legionario, del ejército nacionalista le escribe una carta a su “madrina de guerra”, una carta que la había comenzado a escribir días antes hasta que el comienzo de la ofensiva roja le interrumpió. En un alto de la batalla, desde su trinchera le sigue escribiendo a esta señorita y le dice lo siguiente: “Estimada María Cristina, amiga mía, querida madrina: Me preguntas en tu última carta los motivos por los que lucho. Por qué me presenté voluntario sin esperar a que me llamaran a filas. Soy de una familia modesta, pero burguesa. Mi padre, con gran esfuerzo, montó un pequeño comercio en Lugo y con su trabajo y sacrificio, ayudado por mi buena madre, pudo darnos vida y educación a cuatro hijos. Nada regalaron a mi familia las izquierdas ni las derechas y nunca intervino ninguno en política. Mi padre ni siquiera votó nunca, pues decía que tan oportunistas unos como otros. Yo, mayor de los hermanos, fui privilegiado con facilitarme los estudios: una carrera para una vez situado poder ayudar al resto.



Sin embargo, esta República desordenada y caótica lo cambió todo. La mala fe de los políticos, el pistolerismo impune, la ausencia de autoridad y orden público, las turbas analfabetas enseñoreándose en nuestras vidas, la demagogia irresponsable, el caciquismo de las izquierdas… llevaron a España al abismo. La convirtieron en un gran Cristo crucificado por todos”. Y el soldado desahogando su rabia y orgullo pisoteado, cuando le dicen que todo es por el “pueblo”, prácticamente le grita a María Cristina con estas palabras: “Yo soy pueblo, mi familia es pueblo, y estábamos como muchos otros hartos de tanta impunidad, de tanta barbarie, de tanto si no estás conmigo estas contra mí. ¿Quién, al ver que se insulta a su madre o su novia, a su hermana, no saldrá en su defensa? Pues la ofensa que le hacen a España sus enemigos, destruyéndola, es más que un insulto. Es un crimen”.



Estas palabras escritas por este desconocido soldado nacionalista me recordaron lo que estamos viviendo hoy en el Perú. ¿Acaso estamos viviendo una situación de anarquía como la que se vivió en la España de los años treinta, bajo un gobierno anarquista comunista y que desembocó en una de las guerras civiles mas sangrientas de la historia? Como bien escribe este soldado español, si pensamos en el Perú de hoy, también vemos un país desordenado y caótico, en dónde la mala fe de ciertos políticos, el pistolerismo impune -lo que hoy denominaríamos una corrupción de escándalo-, la ausencia casi absoluta de autoridad y orden público, las turbas analfabetas, manipuladas, enseñoreándose en nuestras vidas, la demagogia irresponsable de los medios de comunicación mercenarios al servicio de un gobierno que los soborna mensualmente, el caciquismo de nuestras izquierdas ineptas de salón, están llevando al Perú – al igual que a España en 1936-, al abismo.



Un país polarizado adrede por los recientes gobiernos corruptos, a los cuales no les interesa para nada el Perú, están logrando dividir a nuestra patria, y nos estamos dejando polarizar, de la manera mas tonta posible. Como escribe este soldado español, “estábamos como muchos otros hartos de tanta impunidad, de tanta barbarie, de tanto si no estás conmigo estas contra mí…”. Acaso ¿No les suena conocido esto? ¿No se trata de lo mismo que vemos hoy a diario en nuestro país? Un Perú en donde campea la impunidad -gracias a fiscales y jueces corruptos- al servicio de la corrupción, en donde se nos quiere imponer el “pensamiento único” y la barbarie de la violencia, cierre de carreteras semanales y “marchas pacíficas” por no decir violentas, en donde, “si no estás conmigo estás contra mí”, esto es, el reino de la intolerancia, en donde la discrepancia y las opiniones no son aceptadas, salvo que “opines” como te lo señala el gobierno y los medios mercenarios.



En otras palabras, ¡se están tirando abajo en nuestras narices el Estado de Derecho, nuestra democracia, nuestro crecimiento económico y todo lo que se ha logrado en años de gran esfuerzo! Esto no podemos permitirlo. ¡No lo permitamos! De allí que los que amamos de verdad al Perú y queremos lo mejor para todos los peruanos, especialmente para los más pobres, necesitados y humildes, debemos defender nuestra democracia y no dejarnos imponer una ideología ni una manera de “pensar” que finalmente solo causará la zozobra y destrucción de nuestra patria. No olvidemos las palabras escritas por aquel soldado nacionalista en 1936. Solo de nosotros depende que nuestra patria no caiga en el abismo.


¡Despierta Perú!


Alfredo Gildemeister


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