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Crear la civilización cristiana en el nuevo mundo fue la misión



Los Reyes CatóIicos pidieron el beneplácito y aceptación del Papa para la ampliación de la Monarquía Hispánica hacia las tierras del Nuevo Mundo, de modo que en las bulas de Alejandro VI queda reflejado que no se les dio el dominio y soberanía directas de los indios a los reyes de España, pero sí la exclusividad de predicar la fe cristiana sobre las tierras descubiertas a los habitantes nativos, ya que desde el primer momento se consideró que los indios tenían alma y debían de ser hechos cristianos.


Hoy día vemos que, los descendientes directos de estos nativos que fueron mayoritariamente tribus de cazadores, son ahora increíblemente católicos y grandes agricultores y ganaderos; todo ello es la huella del legado español. Lástima que en los tiempos de las independencias esta labor todavía estaba en pleno desarrollo pues quedaba mucha población indígena sin traer a la civilización cristiana, y debido a las nuevas políticas que abolía de forma sistemática todo lo que hacía recordar a la época virreinal, multitud de misiones fueron abandonadas a su suerte.



Esta idea se tuvo siempre en cuenta durante la conquista, a través de lo cual se puede entender la increíble hazaña de un puñado de españoles (tan solo 177 harapientos, moribundos y maltrechos soldados) al mando de Francisco Pizarro quien se dirigió a ellos en Cajamarca -capital del imperio Inca- cuando estaban a punto de enfrentarse a tropas compuestas por 40.000 hombres, y así les dijo; "Tened ánimo y valor para hacer lo que espero de vosotros y lo que deben hacer todos los buenos españoles y no os alarméis por la multitud que dicen tiene el enemigo, ni por el número reducido en que estamos los cristianos. Que aunque fuésemos menos y el enemigo contrario fuese más numeroso, la ayuda de Dios es mayor todavía, y en la hora de la necesidad Él ayuda y favorece a los suyos para desconcertar y humillar el orgullo de los infieles y atraerles al conocimiento de nuestra santa Fe."


Ese fue el gran secreto, mientras las tribus y civilizaciones precolombinas hacían culto a temidos dioses tiranos y castigadores a quienes debían hacer sacrificios humanos como ofrendas para calmar sus iras, el dios católico es un dios que nunca abandona a quienes tienen fe en él. Con la alta moral que todo ello les otorgó los españoles pudieron cristianizar de norte a sur todo el continente; pese a su inferioridad numérica su fe fue mucho más alta.



Además, también se ha de decir, que en nuestra historia reciente de los siglos XIX y XX, pese a las naciones buitres que mediante su política exterior y su intrusismo en los asuntos internos de nuestros países hispanos han llevado a cabo invasiones militares directas, y han sembrado de forma secreta e indirecta la discordia, las tiranías, las guerrillas, la deuda externa para ahogar las economías, etc., siempre hemos tenido la herencia católica como último bastión que no se ha podido derribar, tal como afirmó el propio presidente Roosevelt; “Creo que la asimilación de los países latinoamericanos a los Estados Unidos será larga y difícil mientras esos países sigan siendo católicos.”



El Íbero.

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