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Cinco cosas que Merino debe hacer





1. Quitar el Estado de emergencia:



El estad de emergencia, sirvió a Vizcarra para legitimar el recorte de derechos civiles fundamentales y adoptar medidas absurdas como prohibirle a la gente actividades al aire libre en espacios abiertos pero al mismo tiempo permitir otras en espacios cerrados y aún más peligrosos en cuanto a contagios, lo que suponía una tremenda contradicción. Un grupo de burócratas bien asalariados no puede definir si eres libre o no de salir a tomar aire con tus amigos, caminar por la playa, ir a Misa o jugar fulbito en el parque, si el propio fútbol profesional está permitido. Asimismo, un contingente policial no puede tumbar la puerta de tu casa porque estés con un poco de música y un par de botellas de cerveza con tu familia, como tampoco es posible que ciudadanos tengan que morir en este tipo de intervenciones salvajes. La gente hace rato sabe qué es mejor para su salud en este contexto. Libre albedrío, libre tránsito y libre reunión, todo con protocolos pero sin autoritarismos de por medio.


2. Quitar el toque de queda:



El toque de queda dejó de tener sentido cuando los científicos peruanos, algo lentos en su diagnóstico local, notaron que era perjudicial respecto a las aglomeraciones. El señor Martos, expresidente del Consejo de Ministros, más tarde confesaría que dicha medida se justificaba en "prevenir y luchar contra la delincuencia", motivación evidentemente absurda porque en Lima, contrario a lo que se piensa, más se roba de día que de noche. Y porque cuando uno quiere hacer algo y ya lo tiene planeado, así no lo pueda hacer a la hora y en el día que desee, lo hará de todas maneras, a otra hora y en otro día. Por lo cual el hampón se adapta al 'cronograma de trabajo' que le den, así de simple. La delincuencia se combate atacando a los delincuentes, no vigilando a los civiles de a pie ni reprimiéndolos.


3. Retirar al 100% el uso de pruebas serológicas y retomar al 100% la atención primaria de salud, las consultas médicas y demás tratamientos:



Está de más explicar el desastre sanitario que causó el uso de dichas pruebas, con falsos positivos, falsos negativos y miles de muertos cuya atención se rechazó por el resultado de una prueba y no por su sintomatología. Ante ello tendrán que responder Martín Vizcarra, Vicente Zeballos, Víctor Zamora, Elizabeth Hinostroza, María Antonieta Alva y Pilar Mazzetti ante la ley, sobre lo cual ya hay abierto un expediente fiscal. Respecto a las consultas y tratamientos médicos, muchas muertes y el deterioro de la salud de muchas personas también se produjeron por la interrupción abrupta de terapias, tratamientos, quimioterapias y operaciones pendientes. El Gobierno se enfocó en el Covid-19 y abandonó, literalmente, al resto de enfermos o convalecientes. Eso no puede continuar, y si es que ya se corrigió, no debe darse un solo paso atrás.


4. Limpiar y expurgar la maraña burocrático-parasitaria que engloba los gastos de Gobierno y el gasto corriente del presupuesto nacional:



Merino no debe pagar consultorías, contratos a dedo ni hacer gastos superfluos en campañas mediáticas tontas como hizo su antecesor. Además, debe poner orden y revisar cada contrato del sector público, eliminar compadrazgos, amiguismos y nepotismos que subyacen al interior de cada ministerio. El empleado público está para servir, no para servirse y servir a su 'gentita'. Eso también es corrupción, pero debido a la doble moral de la gente -aquella que, a lo mejor, actúa igual en su día a día- nadie se atreve a condenarla. Las prácticas saqueadoras del vizcarrismo no deben subsistir en este nuevo Gobierno de transición.


5. No hablar, o mencionar lo menos posible la tan mentada "lucha contra la corrupción":



Esto es sencillo de entender. "Dime de qué te ufanas y te diré de qué careces." En los últimos 20 años todos los mandatarios se la pasaron hablando de erradicar la corrupción, y qué creen, todos han terminado seriamente cuestionados por corrupción, con procesos abiertos y graves indicios, incluido el último de todos; el que, con mayor cinismo, se arrogó la bandera de la probidad y la ejemplar decencia, Vizcarra. La mejor forma de disminuir este cáncer es con actos y no palabras. Puede que no resulte mediático y beneficioso para su corto régimen, pero sería sincero y eso algunos pocos buenos ciudadanos lo habremos de valorar en su justa medida. El Ejecutivo lucha contra la corrupción, la injusticia y la miseria ejecutando, no brindando grandilocuentes discursos y prometiendo cosas que ni siquiera podrá cumplir. Tampoco acusando, cancelando, censurando y persiguiendo opositores. Eso es fácil y hasta abusivo al encontrarse en la máxima posición de poder. Que deje que todos tengan voz y lo fiscalicen como tiene que ser. Si es honesto, nada pasará. Para empezar podría empezar con tres medidas elementales en ese sentido: 1) conformar un Gabinete autónomo de profesionales y no de miembros de partidos actualmente en el Congreso; 2) articular consensos para que el Tribunal Constitucional sea elegido por el próximo Parlamento derivado de las elecciones del 11 de abril de 2021 (pues sería lo más razonable); y 3) no pronunciarse nunca sobre las investigaciones y casos aún pendientes en el Ministerio Público y el Poder Judicial, así como tampoco, ni a favor ni en contra, de ningún político investigado, procesado o condenado. Su neutralidad debe mantenerse al máximo, sobre todo en pleno proceso electoral ya convocado.


En ese sentido, vuelvo a reiterar: el Poder Ejecutivo habla y se manifiesta con sus actos, medidas y resoluciones, más que con grandes discursos o promesas. Si el nuevo presidente constitucional de la República, Manuel Merino de Lama, conduce su derrotero en consonancia con estos humildes consejos, bien podría culminar este período de cuarto intermedio al Bicentenario, por demás ya accidentado desde el inicio, con no poca legitimidad y resultados óptimos, siempre dentro de lo plausible.



Gustavo Venturi.


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